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Mujeres que miran a los ojos del olivo

El olivar es herencia cultural mediterránea, un lugar de encuentro entre la tradición agraria y la innovación, donde la vocación olivarera está ya marcando la diferencia para labrar un futuro en la olivicultura que pasa, sin duda, por prácticas . Imaginar el paisaje de muchos pueblos andaluces sin un horizonte dibujado de olivares queda lejos del entendimiento colectivo, y lo mismo ocurre con la historia que envuelve al propio olivo. La sociedad ha crecido y evolucionado a la sombra de estos árboles domesticados. Son, ellos, los que han visto como las mujeres lograron dejar de ser las que se tenían que arrodillar siempre junto a sus troncos para pasar a ser quienes tomaban el mando en las fincas y poder, al fin, mirar a los ojos al olivo.

Olivares Vivos, desde su nacimiento como proyecto LIFE en 2015, trabaja con muchas mujeres que llevan por bandera su vocación y su devoción por la conservación de la biodiversidad. Hoy, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, algunas de las olivareras, colaboradoras y parte del propio equipo de Olivares Vivos hablan de cómo este proyecto llegó para darle un cambio al concepto de olivicultura y reconciliar al cultivo con la vida que, tradicionalmente, le está asociada. Así que, ¿cómo es Olivares Vivos según las mujeres que lo hacen día a día realidad?

Para Tránsito Habas, propietaria de Olivar de la Luna (Pozoblanco, Córdoba), Olivares Vivos fue la mejor forma de impulsar la biodiversidad en su finca. “Cuando nos propusieron adherirnos al proyecto dije que sí sin dudarlo porque me preocupa y me ocupa diariamente la naturaleza. Vivo en ella y, por lo tanto, sé los cambios que está sufriendo y el deterioro que hay, sobre todo, en el olivar, donde se notan palpablemente”, comenta. En esta línea, Tránsito asegura que gracias al proyecto no solo pudieron conocer cuánta flora y fauna tenía su finca antes de comenzar con el plan de acción de Olivares Vivos para la restauración, sino que también pudieron aprender a conocer, identificar y valorar mucho más su biodiversidad. “Ahora, nosotros lo cuidamos con mucho esfuerzo y nos aporta muchísima felicidad ver los setos, los retazos, la vegetación que antes no había a las orillas de los arroyos y que suponen la posibilidad de tener para el futuro mucha más masa arbórea diferente que aporta vida”, declara. Esta olivarera es, además, una apasionada de la observación de pájaros, siendo socia de SEO/BirdLife y, al respecto, explica que siempre se fijaba con atención en las aves que aparecían por su olivar, pero, con la ayuda de Olivares Vivos, pudo empezar a disfrutarlo desde el conocimiento, aumentando su capacidad para identificarlas. “Para mí ha sido un disfrute acompañar a los técnicos y técnicas del proyecto que han venido y aprender de sus enseñanzas. Han sido verdaderos maestros y maestras” dice. Sobre el futuro, en el que opina que la falta de relevo generacional supone uno de los grandes problemas de la agricultura, expone: “A la gente que se quiere lanzar al olivar le diría que tuviera en cuenta que éste es más que un recurso económico, pediría que vieran al olivar como algo que les puede dar muchísimas enseñanzas y felicidad. Todo el que va a vivir en él tiene que respetar lo que alberga porque éste no puede ser solo un campo con olivos. Por lo tanto, bienvenida sea la gente joven que tiene sentido ecológico, respeto por la naturaleza y preocupación por el medio ambiente”.

En Moraleda de Zafayona (Granada) la finca Buenavista también vio como volvieron a sus olivares aves e insectos. Paula García, junto con su hermano Juande, han tomado el testigo familiar para seguir haciendo de su cultivo un refugio de vida. En el reparto de responsabilidades, Paula es la encargada de marketing y el área comercial, siendo una de sus primeras conclusiones cuando habla del proyecto el impacto que ha tenido en las ventas de su aceite. “Comprobamos como, con unos cambios muy sencillo en el campo, conseguimos una mejora increíble. Realmente, es muy simple que la fauna vuelva a su hábitat. Recuperar buena parte de la flora y la fauna que ha tenido este ecosistema”, apunta. Así, Paula afirma que ser parte de Olivares Vivos les ayudó también para diferenciarse en el mercado y cuenta que, aunque por ahora solo un par de sus parcelas han participado en el proyecto LIFE y se van a certificar próximamente, quieren ampliar sus hectáreas dentro del modelo Olivares Vivos. “Nos parece un proyecto fascinante que, además, se transmite muy bien al consumidor y la gente está cada vez más concienciada”, subraya, a la vez que añade: “El sello Olivares Vivos es como un plus. Es cierto que no vendemos solo por eso, pero la gente que ve el sello lo reconoce y se interesa por saber más sobre el proyecto; suscita mucho interés. Olivares Vivos es auténtico y la gente cree en este tipo de cosas que son lógicas y sensatas”, indica.

Y no es la única que piensa esto. Coincide con Paula la directora agronómica del Grupo Castillo de Canena (Jaén), María Garrido, quien considera que con Olivares Vivos se pueden acercar a un consumidor que cada vez valora más lo que come y que está más comprometido con el medio ambiente. “El proyecto, desde su inicio, ha sido un ejemplo palmario de que es posible y necesario realizar una agricultura sostenible y productiva, en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En Castillo de Canena llevamos más de 15 años apostando por una agricultura regenerativa a través de plantaciones en zonas improductivas, manejo de cubiertas vegetales completas, ausencia de pesticidas… A través de este proyecto y con sus numerosos técnicos que han participado, hemos podido seguir avanzando y profundizando en diversas acciones (charcas, islas flotantes, posaderos…) que contribuyen muy positivamente a favorecer nuestro ecosistema y el equilibrio de las cadenas trófica”, sostiene María, que define a Olivares Vivos como una gran herramienta para que el olivar afronte los nuevos retos a los que se enfrenta la agricultura: ayudar a mitigar el cambio climático y a garantizar el abastecimiento de productos y la calidad de vida de sus agricultores.

Por su parte, María Guzmán también pudo encontrar en Olivares Vivos una gran herramienta. Sin embargo, con una sutil diferencia. Ella no es olivarera, como las tres anteriores. María comenzó su carrera profesional como parte del equipo de este proyecto a través de unas prácticas en el verano de 2018. Recuerda la buena relación que forjó con los miembros del proyecto y, en especial, con Francisco Martín, a quien consideró su tutor. De hecho, al acabar sus prácticas, siguió colaborando con Olivares Vivos mientras trabajaba en la empresa de éste. Fue, un poco antes de la llegada de la pandemia, cuando terminó esta experiencia para ella y, además, coincidió también este cierre de etapa con su embarazo. Ahora, María lleva cuatro meses en una empresa que también tiene relación con el sector agrícola. Aquí trabaja como asesora técnica y cuenta que su paso por Olivares Vivos le dio muchísimas claves para desarrollar su actual función: “Mi paso por Olivares Vivos me sirvió porque, como la empresa en la que estoy se quiere diferenciar por trabajar productos con marca y certificado ecológico, a mí me gusta mucho acercarme a los agricultores desde el punto de vista de la conservación, de la sostenibilidad y el desarrollo. Me gusta hacer pedagogía desde lo que aprendí en el proyecto, como que las cubiertas herbáceas son necesarias y nos puede ayudar a aportar beneficios al campo”, señala. En esta línea, María cree que el futuro de la agricultura pasa, sin duda alguna, por un mayor respeto a la biodiversidad. «El olivar, como agrosistema, está cada vez más degradado. Si no cambiamos la forma de gestionar este mundo vamos a dejar muy poco a las siguientes generaciones y llegará un momento que no será sostenible. Debemos cambiar el sistema de gestión y ahí es donde entra Olivares Vivos”.

Siguiendo en la lucha por la conservación de la biodiversidad, está Olivares Vivos, que nació con SEO/BirdLife como socio coordinador y que cerró su primera fase en 2021. Sin embargo, en la actualidad cuenta con la financiación de un nuevo proyecto LIFE, en el que se busca, sobre todo, difundir el nuevo modelo de olivicultura propuesto, para seguir rescatando flora y fauna y mejorar la rentabilidad de las fincas agrícolas. Para acometer todas estas acciones, en este nuevo LIFE Olivares Vivos+ se ha ampliado el equipo, estando ahora, entre sus filas, tres mujeres que harán posible la consecución de las nuevas metas.

Lise, Vanesa, Paula y Patricia

Lise Pomarède, bióloga afincada en Jaén desde hace ya 15 años, está inmersa en el proceso inicial de la replicación de Olivares Vivos en otras regiones productoras de aceite de oliva de Europa: Italia, Grecia y Portugal. “Esta fase es muy estimulante para todo el equipo porque supone un reto tener que adaptar el diseño experimental a realidades muy diferentes. Todas las regiones olivareras tienen puntos en común, pero también presentan diferencias importantes: tamaño de fincas, estructura de la cadena de producción, prácticas agronómicas, etcétera. La búsqueda de soluciones para adaptar nuestro modelo a estas nuevas circunstancias, que realizamos conjuntamente con nuestros socios en esos países, es una experiencia muy positiva y nos ayuda a ampliar nuestros conocimientos sobre el mundo del olivar”, manifiesta. Junto a ella se sienta, en la oficina, Paula Martín, una ambientóloga sevillana que será la responsable de la formación que ofrecerá Olivares Vivo. “Al conocer este proyecto, lo que más me llamó la atención fue el enfoque que busca proteger la biodiversidad desde la agricultura, algo que me pareció innovador y muy necesario porque, a menudo, se alimenta maliciosamente las tensiones entre la gente del campo y los colectivos conservacionistas. Una crispación que no puedo entender cuando mi vocación profesional viene precisamente de mi legado familiar de agricultores y labradores, personas que me inculcaron que hay que acercarse a la tierra con respeto, siempre mirando al cielo y al suelo para comprender lo que ocurre en el campo”, remarca. Así, desde que se incorporó a Olivares Vivos, confiesa que lo que más le motiva es contribuir a que las personas que mantienen su vinculación con la tierra tomen conciencia de su importancia, no sólo para producir alimentos de calidad, sino para la conservación de la biodiversidad. Y, por último, Vanesa Nieto, ambientóloga que gestiona todo lo que hay detrás del proyecto. Desde su experiencia, explica: “Como jiennense, ambientóloga, científica en cambio climático y después de haber trabajado en varios países europeos, el proyecto Olivares Vivos no sólo ha supuesto una gran oportunidad profesional para mí al poder gestionar un proyecto de semejante envergadura como son los incluidos en el programa europeo LIFE, sino además el privilegio de poder disfrutar de una gran oportunidad desde mi hogar en Jaén y para el desarrollo sostenible de la principal actividad económica de la capital mundial del aceite, recuperando la biodiversidad en el olivar y transformándola en rentabilidad”. De esta forma, comenta que la expansión que afronta este proyecto a otros países mediterráneos y olivareros, así como a otros cultivos leñosos, “supondrá una apuesta de futuro por la conservación de la biodiversidad y el medio ambiente, el mantenimiento de la agricultura como actividad económica, la calidad de la dieta de los productos mediterráneos, y que la población local podamos continuar viviendo y trabajando en los municipios que se sustentan fundamentalmente de una actividad tan necesaria como es la agricultura”.

En la trastienda de todo lo que envuelve al proyecto LIFE Olivares Vivos no hay que olvidarse que hay muchas más personas responsables del alcance que está consiguiendo con sus acciones. Entidades colaboradoras y personas socias como la Universidad de Jaén, la Diputación de Jaén, la Estación Experimental de Zonas Áridas del CSIC, HAO-DEMETER (de Grecia), DREAm Italia, la Universidad de Évora (Portugal) y Juan Vilar Consultores Estratégicos son esenciales en el desarrollo del programa tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Sonia Bermúdez es la jefa del Servicio de Medio Ambiente, Cambio Climático y Sostenibilidad en la Diputación de Jaén y una de las mujeres que trabaja por llevar el proyecto Olivares Vivos y sus beneficios por toda la provincia de Jaén. “Este proyecto es muy necesario, sobre todo en Jaén, porque tenemos mucha superficie de espacios protegidos y mucha coincide, además, con cultivos de olivar. Por ello, en nuestro desarrollo económico no se puede obviar que somos una provincia de interior, que gran parte de nuestro territorio lo conforman espacios protegidos y que nuestro cultivo, el olivar, no puede darle la espalda a estas características medioambientales. Tenemos que ser coherentes con los recursos que tenemos y pensar en el valor de  rica naturaleza que tenemos”, apunta. Así, destaca que desde la Diputación ayudan en la difusión de información, actividades o talleres de formación para los agricultores, jornadas en centros educativos y en la implicación de los municipios con proyectos como el de Olivares Vivos. “Los municipios siempre tienen interés en este tipo de programas. Nos importa que los ayuntamientos estén implicados en estos asuntos porque, aunque parezca que Olivares Vivos es algo solo para agricultores, la verdad es que es de relevancia estratégica provincial. Aquí entran que los ayuntamientos estén interesados en informar a la ciudadanía y se enseñe a los niños y niñas para cambiar la conciencia de los jóvenes”, señala Sonia, quien también cree que el futuro de la agricultura pasa por cambiar a modelos como el que propone Olivares Vivos: “Al final, para que algo sea sostenible económicamente a largo plazo también tiene que serlo medioambientalmente. Por ejemplo, si no cuidamos el suelo nos acabará fallando y esto repercutirá en la rentabilidad”, advierte.

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