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Las mujeres rurales, una potencia de cambio en el olivar

El 62,8% de la población rural piensa que las mujeres tienen una capacidad natural para realizar las tareas domésticas y un 18,3% que es mejor que, cuando se tiene un hijo, la vida profesional de las mujeres es la que tiene que pasar a un segundo plano, según apunta el Diagnóstico de la Igualdad de Género en el Mundo Rural 2021. Menos mal que del dicho al hecho hay un trecho y que cada vez son más las mujeres rurales que están rompiendo esos roles de género impuestos. Y, aunque el mercado laboral del mundo rural siga con una tasa de empleo casi un 10% superior en los hombres, las cifras apuntan a que las mujeres rurales cada vez tienen más presencia y peso en los sectores productivos.

Olivares Vivos, un modelo de agricultura que busca crear un cambio en el sistema de producción agrario, puede presumir de tener entre sus filas a un equipo de mujeres rurales que están transformando la olivicultura. Con el LIFE Olivares Vivos, estas olivareras repartidas por toda Andalucía ayudaron a demostrar que otro tipo de agricultura es posible. Marifé Bruque, de Finca San José de la Venturera (aceite Finca San José); Tránsito Habas, de Olivar de la Luna (Olivar de la Luna); Rosa Vañó o María Garrido, de Cortijo Guadiana (Castillo de Canena); Sofía Benítez-Cubero, de Los Ojuelos; María José Sánchez, de Peña del Gallo; Paula García Casas, de Buenavista (O-Med); Ángela Cruz, de La Tosquilla, o Isabel Ferreiro, del Rancho del Herrador (Oriole) son algunas de ellas.

Isabel, junto a uno de las cajas nidos instaladas el primer año que entraron al proyecto LIFE Olivares Vivos

Esta última, una mujer que dejó su trabajo como traductora para convertirse en olivarera, ha encontrado en el Rancho del Herrador un lugar que disfruta a nivel emocional. De hecho, Isabel Ferreiro cuenta que el tiempo que pasa entre sus olivos hace que conozca a cada uno de los árboles de forma particular. «Nuestro olivar no es infinito, es familiar y aquí llegas a conocer las debilidades, fortalezas y necesidades de cada olivo. Disfrutas de sus frutos y hay años que no tomas otro aceite que no sea el que sale de sus aceitunas. Se crea una relación casi espiritual y espontánea con ellos».

Pero toda rosa tiene sus espinas y actualmente el olivar de Isabel está gravemente afectado por la sequía. De hecho, apunta que esta situación le viene agravada por veranos especialmente secos y con altas temperaturas continuados por tres años. «Cuando lo ves bien y sano lo disfrutas, pero cuando está así solo sientes angustia. Nosotros intentamos paliar esta situación reduciendo la carga ganadera sacando las ovejas antes de la finca, añadiendo materia orgánica al suelo con los restos de poda o plantando especies autóctonas para evitar la aparición de cárcavas o reconstruirlas», explica. Asimismo, en su finca se desarrollan varios proyectos de conservación y protección del agrosistema. Entre ellos, el modelo Olivares Vivos. Isabel señala que son muchos los proyectos que se dedican a identificar y analizar problemáticas del olivar, pero que, sin embargo, Olivares Vivos no solo aporta ese enfoque, sino que también ofrece soluciones. «Lo bonito que tiene es que siempre ha sido un proyecto de diversidad, que apuesta por volver a lo más natural. Y en el mercado nosotros, un olivar pequeño, podemos compartir sello en nuestro aceite con olivares tan inmensos como el de Castillo de Canena», dice.

 

DE ANDALUCÍA A EUROPA

La expansión territorial que llegó con el LIFE Olivares Vivos+ no solo ha supuesto un incremento de la presencia del modelo en Europa, sino que también ha crecido el número de mujeres rurales que forman parte de esta manera diferente de hacer agricultura. Elisabet Ramón es una de ellas, la propietaria de la finca Vilafondo, ubicada en el municipio castellonense de Traiguera. Allí producen el aceite “Leyendas de Olivo”, un oro líquido procedente de olivares milenarios que se presenta en coquetas botellas semejantes a las que contienen los mejores perfumes. Elisabeth, que siempre ha vivido en su pueblo, controla y gestiona el proceso de cuidado y producción de sus fincas de olivo y algarrobos; aunque, tiene otra tarea de la que le encanta dedicarse por lo significa en su comarca: “Compagino el trabajo agrícola con la dirección de un taller de venta y reparación de maquinaria agrícola y tengo la suerte de que se haya convertido, con los años, en el punto de encuentro de la gente del campo de muchos pueblos cercanos”, cuenta.

El abuelo de Elisabet, un enamorado de la tierra y de su trabajo, fue quien transmitió el sentimiento de arraigo al olivar tanto a ella como a sus hermanas. Ampliando, aún más, la tradición olivarera de esta familia heredera de un pródigo legado. Sus padres continuaron trabajando duro para mantener las fincas de la familia y, con ello, conseguir aceites de máxima calidad. Hoy, Elisabet no solo tiene gracias a todo esto un trabajo que le apasiona, sino que disfruta de un olivar único. “El Maestrazgo, nuestra comarca, es la zona de España en la que se concentran mayor número de olivos milenarios. Son monumentos vivos y nosotros reconocemos su gran valor botánico e histórico, por lo que merecen nuestro compromiso para seguir cuidándolos”, asegura.

Esto mismo es lo que ha propiciado su interés por formar parte del proyecto LIFE Olivares Vivos+, una iniciativa que, para ella, tiene un gran valor a nivel comarcal y así describe cómo se siente al ser parte de este modelo de agricultura: “Me enorgullece ser partícipe de este proyecto por lo que conlleva para el cuidado del árbol y de su fruto. No hay que olvidar que parte de nuestros olivos son centenarios y milenarios, y nuestro objetivo, aparte de obtener un excelente aceite, es que perduren tan bien como han hecho hasta ahora. Ello conlleva la protección del ecosistema para evitar que se degraden los olivos y, al mismo tiempo, hacer que ellos también sean un instrumento para proteger esa biodiversidad”. Al respecto, subraya la idea de que la agricultura no puede dar la espalda a lo que la sustenta. “En el caso de nuestras fincas, si pensáramos únicamente en el parámetro de cantidad, nuestros olivos más antiguos hubieran pasado a segundo plano. Debemos ser conscientes de que somos herederos de un patrimonio natural extraordinario que requiere de responsabilidad para las generaciones de nuestros hijos”.

Desde la Toscana, Beatrice Massaza se posiciona exactamente en esta misma línea. Cuenta que, aunque nació para ser pianista, al morir su padre decidió cambiar el rumbo de su vida y quedarse gestionando la finca familiar, para criar a sus hijos en un ambiente sano, seguro y libre. Ubicada en San Vincenzo, en su olivar producen el aceite Santissima Annunziata. Un zumo que forma parte de los nuevos aceites Olivares Vivos y que cuenta con la denominación de origen IGT y la marca Agriqualità de la Región de la Toscana que, ahora, lucirá un sello único en Europa.

Así, Beatrice no tardó en amar cada parte del proceso de la elaboración del aceite, desde el propio cultivo, la transformación de la aceituna en oro líquido y, por supuesto, divulgar la maravillosa historia de sus olivos. Pasear por su finca, observar las mariposas y los aromas que desprende un campo vivo es lo que le confirma cada día la pasión que siente por su trabajo. “Adoro la sensación de eternidad que da el campo. Ha estado ahí antes que nosotros y seguirá estando cuando nos vayamos. También me da una sensación de relatividad: no somos nada comparados con la naturaleza, que nos invita a disfrutar de su belleza”, indica.

Sin embargo, esta misma belleza de su olivar ha estado amenazada por la sequía que también se ha sufrido en Italia, así como por los costes de las materias primas. Contrariedades que desde Santissima Annunziata tratan de combatir favoreciendo la cubierta herbácea, la reutilización de agua y la puesta en marcha de otras formas de cultivo. Aquí es donde entra Olivares Vivos, una iniciativa que Beatrice define como “un estímulo para la diferenciación, una fuente de crecimiento y mejora”.

 

QUÉ MÁS HAY POR VENIR

Pero no son las únicas que este año han dado un paso adelante para hacer de su olivar una cuna de biodiversidad. Muchas otras mujeres rurales se han sumado a este modelo de agricultura que reconcilia la flora y la fauna con la rentabilidad, gracias al proyecto LIFE Olivares Vivos+. Con ellos se suman, como no, nuevas marcas de Aceite de Oliva Virgen Extra que llevarán el sello Olivares Vivos hasta otras regiones de España, Portugal, Italia y Grecia. Elisabet y Beatrice son solo dos de todas estas nuevas olivareras.

 

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