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El olivo, el árbol emblema de la cultura mediterránea

Picual, cornicabra, hojiblanca, arbequina, picudo, manzanilla, gordal, farga… Solo en España se cuentan cerca de 250 variedades del mismo árbol: el olivo. Un árbol que forma parte indivisible de la identidad cultural de los pueblos del Mediterráneo y que está cubierto de gran simbología. Tanta, que ha impactado de forma decisiva en las manifestaciones festivas populares, así como en el propio comportamiento y ciclo organizativo de la sociedad, que llega a quedar marcado por la campaña de la aceituna y del aceite. Hoy, Día Mundial del Árbol, es la ocasión perfecta para ponerlo en valor.

Este árbol ha sido y es el centro de la comunidad mediterránea. Está presente en numerosos escritos mitológicos y griegos, romanos y musulmanes lo han venerado desde siempre como sagrado, siendo conscientes de las beneficiosas propiedades del zumo de la aceituna. De hecho, en la historia de las religiones de muchos pueblos antiguos, el olivo, sus ramas y su principal producto han desempeñado un papel muy importante, siendo estos símbolos de la paz, de la victoria, del nacimiento o de la muerte.

Hoy día, el olivo no solo sigue siendo símbolo de la cultura mediterránea, sino que se ha convertido en  una marca país de buena parte de los Estados de ambos lados de este mar. En España, según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, las hectáreas de olivar llegaron, el año pasado, a los 2.770.424. Una cifra que sigue reflejando un aumento de su superficie. Sin embargo, en esta dinámica de crecimiento se observan tendencias que apuntan a la pérdida paulatina de hectáreas de olivar tradicional frente al olivar moderno. Y es que, la búsqueda de la máxima producción y la competencia a través de la reducción de costes ha hecho que la industrialización del cultivo haya llegado a un punto en el que, en muchos sitios, se ha perdido esa relación históricamente cercana con este árbol sagrado y que, incluso, el olivo haya dejado de serlo.

Y eso, cuando las tradiciones de buena parte de la sociedad aún se centran en él. Fiestas populares, métodos de agricultura y procedimientos de molturación que se han transmitido de generación en generación y que ha llegado a conformar a la civilización del olivar, que definió el poeta Byron Chantal, que aúna a todas las culturas del Mediterráneo. Aunque con sutiles diferencias, el olivo es el nexo común de estos pueblos, del mismo modo que se puede decir que también lo es de buen parte de la flora y la fauna de esta región.

El olivo para biodiversidad

El olivar, por su naturaleza, es un cultivo que alberga una gran biodiversidad e incluso que, en el caso de que la haya perdido en buena parte, tiene una enorme capacidad para recuperarla, tal y como ha demostrado Olivares Vivos. Y es que el área de distribución mayoritaria del olivar,  coincide con el punto caliente de biodiversidad más importante de Europa: la cuenca mediterránea. Asimismo, su naturaleza forestal y de cultivo permanente, que le confiere una mayor estabilidad frente a otro tipo de cultivos, y  y su historia milenaria de relaciones ecológicas con el ecosistema mediterráneo, le confiere una aptitud extraordinaria para recomponer sus tramas ecológicas y recuperar esta biodiversidad.

Estos, junto a otros factores, han hecho que el olivo sea el árbol perfecto sobre el que demostrar que es posible compaginar producción, rentabilidad y biodiversidad. Así, Olivares Vivos trabaja desde 2015 en la creación de un modelo de producción reconciliado con la vida. Tras realizar el mayor estudio de biodiversidad en el olivar en todo el mundo, Olivares Vivos comprobó que con el mantenimiento de ciertas prácticas (manejar adecuadamente la cubierta herbácea, revegetar espacios improductivos e instalar elementos de apoyo a la fauna) se puede incrementar la riqueza y la abundancia de flora y fauna en las fincas. Esto, a su vez, repercute en la rentabilidad de los agricultores, al reducirse los gastos en insumos sin incidir sobre la producción, pero sobre todo por la diferenciación en el mercado del AOVE que el valor añadido que supone la recuperación de biodiversidad posee, gracias a la certificación y el sello “Olivares Vivos”.

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