Conoce a nuestros olivarer@s: El Olivar de la Luna

Sobre las pendientes que impone Sierra Morena en el Municipio de Pozoblanco se ubica este olivar, verde, abrupto, auténtico. Su evocador nombre, El Olivar de la Luna, nos cuenta su propia historia, aquella que plasma como se domesticó un pedazo de la indómita naturaleza de esta sierra para transformarla en terrenos cultivados.

Corría el Siglo XIX y Carlos III promulgó una Ley en la que aquellos que señalaran, desmontaran y plantaran olivos en este territorio, pasarían a ser sus propietarios. De esta manera, el monarca quería deshacerse de los molestos bandoleros que siempre han acompañado a estas montañas, forjando su historia y  su leyenda.

No era una labor sencilla, pero muchos la consideraron la única oportunidad de tener bienes propios. Sin embargo, ante la falta de recursos, algunas personas se vieron obligadas a trabajar para otras a cambio de un humilde jornal que les permitiera subsistir, dificultando su sueño de ser propietarios. Pero encontraron el modo: en medio de la noche, a la luz de la luna siguieron trabajando, alargando su jornada de labor interminable, esta vez para sí mismos.

El nombre de este olivar rinde homenaje a aquellas gentes.

Pero esta es una antigua historia y el Olivar de la Luna tiene muchas otras que contarnos. Actualmente es gestionado por la empresa familiar Sororidad S.L que con ilusión, empeño y no sin dificultades crearon Tránsito y Jesús hace ya más de 30 años. Su olivar es su hogar, su forma de vida arraigada en la tierra como las raíces de sus propios olivos.

Al entrar en su cortijo huele a humo, a aceite y a brasa. La chimenea calienta el espacio y es el lugar donde reunirse. Tomando un café Tránsito nos cuenta cómo empezó aquella aventura de dos jóvenes que un buen día decidieron irse a vivir al campo y gestionar su propio olivar. Se ríe recordando que les dijeron que no aguantarían. Hoy llevan allí más de 30 años y allí han criado a sus 3 hijos.

Hace algunos años decidieron construir su propia almazara e invertir para poder controlar la producción de sus aceites ecológicos que comercializan bajo el nombre del Olivar de la Luna. Ellos mismos embotellan su mágico elixir en unas hermosas botellas azules que después etiquetan y distribuyen por una buena parte del mundo, exportando con ellas una pequeña parte del paisaje, de la historia y del sabor de Sierra Morena.

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