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¿Cómo imaginas el futuro?

¿Cómo imaginas el futuro? ¿Cómo crees que será tu región dentro de unos años? ¿Seguirá lloviendo? ¿Hará más calor? ¿Continuarán creciendo las mismas plantas que actualmente? ¿Habrá otras o no habrá ninguna? ¿Sobrevolarán tu pueblo las aves que hoy en día le dan vida? ¿Habrá avanzado el desierto?

En medio de una ola de calor, la primera del verano, pero probablemente no la última, se conmemora, hoy, el día que la ONU declaró con el fin de de concienciar sobre la desertificación y la sequía, pero también para señalar que existen mecanismos con los que hacerle frente.

La agricultura: problema o solución

Piensa en un olivar. Un olivar de una hectárea, unos 100 olivos grandes, de gruesos y retorcidos troncos que tienen dos o tres pies. Son los típicos, aquellos en los que pensamos cuando alguien nos habla de un olivar. Digamos que fueron plantados hace tiempo, tampoco mucho, en los años 90 del siglo pasado -cuando se pusieron muchos de los que en la actualidad tapizan la provincia de Jaén, por ejemplo-. ¿Cómo han sido cultivados desde entonces? De manera convencional, como la gran mayoría. En ese olivar se usan periódicamente herbicidas y/o arados profundos, para eliminar la cubierta herbácea completamente, con el fin de evitar que compita por los nutrientes y, sobre todo, que se pueda quedar parte de esa agua que, además, cada vez escasea más. ¿Y cuál ha sido el resultado de ese manejo de la cubierta herbácea? Pues que muchos de ellos, en estos 30 años, han perdido hasta un tercio de todo su suelo fértil, en un clima mediterráneo donde la profundidad de los suelos es de apenas 100 centímetros. De hecho, en bastantes olivares se pueden ver muchos olivos con las raíces al aire, lo que da una buena idea de las toneladas de suelo que acaban cada año en arroyos, ríos, embalses y finalmente en el mar. Y, ¿qué pasará con estos cultivos cuando se erosione aún más el suelo?

Retroalimentación

A ese camino que hemos seguido y que ha convertido a la erosión en el principal problema del olivar, le sumamos ahora un nuevo elemento que cada vez se está haciendo más presente: la emergencia climática. Con precipitaciones cada vez más escasas que, además, se van concentrando en determinados periodos (incrementando su afección erosiva) y con muchos agricultores que aún creen que la cubierta herbácea es tan sólo una competidora, seguir el mismo manejo que buen parte de los olivareros han realizado hasta ahora supone un incremento de la pérdida de suelo y, en consecuencia, de la desertificación.  Procesos que están insertos en un círculo vicioso de erosión y de escasa rentabilidad agraria: menos recursos disponibles por eliminar la cubierta y otra especies de plantas y animales del olivar provoca más gastos en insumos, con el objetivo de contrarrestar la pérdida de los servicios ecosistémicos -nutrientes del suelo o control de plagas- que la biodiversidad ha dejado de prestar, por esa misma intensificación agrícola y el uso abusivo de insumos.

Pero es que, además, la eliminación de manera intensiva de la cubierta herbácea -o directamente evitar que aparezca, a través de herbicidas de preemergencia- provoca que no se secuestre tanto carbono como se podría o que incluso se llegue a liberar dióxido de carbono en algunos olivares. La agricultura, y sobre todo los cultivos leñosos, como el olivar, pueden ser unos grandes aliados en la mitigación de la crisis climática, ya que los grandes troncos de los olivos acumulan mucho carbono. Pero a este secuestro se le puede sumar el que realiza la cubierta herbácea. En un olivar en el que se haga un buen manejo de la hierba, se puede sacar de la atmósfera hasta el doble de carbono que en otro en el que el suelo se deje desnudo.  En definitiva, la agricultura puede ser motor de graves problemas ambientales, pero también puede ser parte de la solución.

El turno del consumidor

Todos queremos ayudar a solucionar problemas tan graves como la erosión, la desertificación, la emergencia climática, la falta de agua y la sequía, la pérdida de biodiversidad o incluso la pérdida de población en el medio rural. Y para ello existen diferentes opciones. En el caso de Olivares Vivos, trabajamos con agricultores que cuidan su suelo y que recuperan biodiversidad (algo que hemos medido y cuantificado), al mismo tiempo que producen aceite de oliva de excelente calidad, con este valor añadido. En el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, adquirir productos sobre los que se haya demostrado que frenan el desierto y la erosión, a través de la recuperación de la biodiversidad, puede ser una opción para ayudar, por parte del consumidor, a través de su carro de la compra.

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