Causas por las que el olivar perdió su vida

No hace muchos años, quizás tan sólo 30 o 40, el olivar podía considerarse un bosque humanizado, un lugar donde campeaban las perdices y cantaba el mochuelo al caer la tarde. Pero a finales de los 80 el bosque de olivos cambió.

España se sumó a la Política Agraria Común en un momento en el que la producción era un mantra. La fiebre olivarera no tardó en sacrificar la vegetación de linderos, cárcavas o bordes de caminos.

Las zonas improductivas del olivar, donde tantas especies encontraban refugio, desaparecieron, dejando paso a un escenario dónde tan sólo quedaba espacio para olivos y aceitunas.

Los agricultores cumplieron con creces la tarea asignada. Con ayuda de nueva maquinaria y agroquímicos, aumentaron enormemente la producción de sus cultivos. Sin embargo, el olivar pagó un elevado peaje ambiental, una tasa que aún hoy en día arrastramos y que ha significado la pérdida de un elevado número de aves comunes, millones de toneladas de suelo fértil y la contaminación puntual en ciertos lugares del agua y del suelo.

Poco parecía quedar del olivar que pintó Van Gogh, o al que rindieron tributo los grandes poetas, Machado, Lorca o Miguel Hernández.

El peaje ambiental fue enorme, pero no trajo consigo un incremento de la rentabilidad acorde al de la producción. Muchos olivares han atravesado o atraviesan dificultades económicas que los hacen encontrarse al borde de la rentabilidad y a merced de los caprichos del mercado.

En los últimos años sin embargo, parece haber cierto cambio en el sentir y en la mentalidad de los olivareros. Actualmente sabemos que la mayoría (69% según encuestas de elaboración propia) perciben los problemas medioambientales del olivar y muchos han entendido que apostar por la vida, por la calidad y la diferenciación de sus aceites puede mejorar también la rentabilidad de sus explotaciones.

Las zonas improductivas del olivar, donde tantas especies encontraban refugio, desaparecieron, dejando paso a un escenario dónde tan sólo quedaba espacio para olivos y aceitunas.

Fuente: Ninrouter

Atrás quedaron los años en los que gran parte de la producción de nuestros aceites era vendida a otros países. Poco a poco el aceite español ha ganado calidad y fama, en gran medida gracias a sus propiedades beneficiosas para la salud. Aceites tempranos, diseño, marketing, exportación, forman parte del día a día de muchos productores de Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE). Para algunos de ellos, devolver la vida al olivar también es una pieza clave de este puzle.

Apostar por la vida en el olivar puede contribuir a aumentar la rentabilidad de las explotaciones, ya que cada vez son más los ciudadanos que incorporan a sus decisiones de compra aspectos medioambientales. Uno de los principales objetivos de Olivares Vivos es recuperar la vida del olivar y que ello signifique una mejora de la rentabilidad de las explotaciones que apuestan por un modelo de olivicultura respetuoso con la vida y con la naturaleza. Para ello, se creará una certificación con base científica y reconocida en el mercado del AOVE.

El AOVE Olivares Vivos, será el primer producto agroalimentario europeo que certifique la mejora de la biodiversidad. Un reto al que los consumidores podrán unirse a partir de 2019, apostando de ese modo por un campo vivo.

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