“Buenas ‘malas hierbas’ del olivar”, la publicación que rescata el valor de las plantas silvestres en los olivares

Amapolas, jaramagos, ajoporros, hinojos, ortigas, esparragueras, manzanillas, olivardas o borrajas han sido tradicionalmente plantas que han acompañado a los olivos en el campo. Muchas se han comido, otras se emplearon con fines medicinales, las hay que son forrajeras, otras que fijan nitrógeno o incluso que actúan como fungicidas o insecticidas. Son las plantas arvenses (plantas silvestres que crecen en los campos de cultivo) que, en cualquier caso, mejoran la estructura y fertilidad del suelo, el verdadero capital del agricultor, evitan la erosión e incrementan la biodiversidad y sus servicios ecosistémicos para la agricultura.

Con tantos beneficios, ¿cómo pueden entonces llamarse ‘malas hierbas’? Para erradicar una expresión tan injusta y equivocada, el proyecto LIFE Olivares Vivoscoordinado por SEO/BirdLife, ha lanzado la publicación Buenas ‘malas hierbas’ del olivar, junto con el vídeo La cubierta vegetal en el olivarUnos materiales didácticos que pretenden desmitificar tales prejuicios y percepciones en torno a las plantas arvenses e informar a los olivareros de los beneficios reales derivados de una gestión adecuada de la cubierta herbácea.

Coincidiendo con la primavera, cuando se realiza el control de la cubierta herbácea en el olivar, esta publicación analiza los pros y contras de los diferentes métodos de manejo de la cubierta herbácea, para que los agricultores puedan decidir cuál es la gestión más adecuada para sus fincas. De igual modo, también muestra cómo está cambiando la percepción en torno a estas hierbas, desde la lucha sin cuartel que la mayoría de los olivareros han tenido tradicionalmente en contra de las cubiertas herbáceas, hasta el reconocimiento actual de los beneficios que aporta.

Las plantas como aliadas

Gestionar adecuadamente la cubierta herbácea en el olivar ofrece toda una serie de ventajas que van desde aquellas más obvias, como son la reducción de la erosión, la fertilización natural de las leguminosas (que fijan en el suelo el nitrógeno atmosférico) o el mantenimiento de la biodiversidad, a otras menos conocidas. Entre estas últimas, la publicación destaca los servicios ecosistémicos que generan plantas arvenses relacionadas con el control de plagas y enfermedades del olivar. Por ejemplo, la presencia de la olivarda (Dittrichia viscosa) en zonas improductivas de los olivares aumenta la densidad de predadores de larvas de la mosca del olivo (la principal plaga del olivar y que ocasiona daños significativos en la producción y en la calidad del aceite de oliva), o los beneficios de crucíferas como la mostaza blanca (Sinapis alba) o el jaramago (Diplotaxis virgata), que actúan como fumigadores biológicos del hongo Verticillium dahliae, que causa la verticilosis y que está matando a miles de olivos.

Testimonios experienciales

Unos beneficios que quedan refrendados en los testimonios de olivareras y olivareros que participan en el proyecto LIFE Olivares Vivos y que cuentan cómo han ido cambiando la gestión de sus cubiertas vegetales, reduciendo progresivamente el uso de herbicidas para abrazar otros manejos más sostenibles, como el desbroce o, en algunos casos, el pastoreo.

Pero aparte de para el propio cultivo y el olivicultor, en estos testimonios se reivindica que un olivar con una cubierta herbácea bien gestionada aporta servicios ambientales a la sociedad que deberían ser recompensados. El control de la erosión, la conservación de la biodiversidad o la lucha contra el cambio climático (el suelo de un olivar con cubierta herbácea secuestra el doble de CO2 que otro con suelo desnudo) son servicios que proporcionan estos olivares a la salud humana y al medioambiente, y que deberían tenerse en cuenta en las políticas agrarias y en la apreciación del valor añadido de sus aceites por parte de los consumidores.

De alimento popular y comida de pobres, a la alta cocina

En esta publicación también se trata la importancia que tuvieron estas plantas en la cultura rural, de sus utilidades y de las vivencias de algunas personas que conocieron unos olivares multifuncionales, que daban mucho más que aceitunas. Las injustamente llamadas “malas hierbas” quitaron el hambre en época de escasez, y fueron habituales en la cocina del mundo rural. Así lo cuentan Aurelia, Antonio, Manuel, Carmelo, para quienes el uso de las plantas como alimentos formaron parte de sus vidas. Un uso casi extinto y que ahora reivindican cocineros de prestigio, que han descubierto en las “malas hierbas” un tesoro culinario.

Asimismo, esta publicación incorpora un listado de especies que tradicionalmente han crecido en los olivares y han tenido un uso alimenticio o medicinal. Plantas tan comunes y apreciadas como los espárragos trigueros o las acelgas silvestres, pasando por la manzanilla o la amapola, y que ahora son difíciles de encontrar en los olivares debido a la intensificación agraria.

“Con Buenas ‘malas’ hierbas pretendemos impulsar este cambio en la visión del olivicultor hacia las plantas arvenses e invitamos a aquellos que aún no lo han hecho a seguir la senda que unos pocos tomaron hace años, a la que se están sumando muchos otros agricultores cada vez más satisfechos con las cubiertas herbáceas de sus olivares. Con los conocimientos disponibles, y tal y como ha demostrado la ciencia, cultivar el olivar manteniendo el suelo desnudo todo el año, abusando del uso de herbicidas o del laboreo, es un modelo de olivicultura caduco y trasnochado, por insostenible”, explica Jose Eugenio Gutiérrez, coordinador del proyecto LIFE Olivares Vivos y delegado de SEO/BirdLife en Andalucía.

Recuperar biodiversidad es factible

Toda esta información está apoyada en el artículo “Moderación por el paisaje de los efectos del manejo de las cubiertas herbáceas sobre la biodiversidad del olivar: implicaciones para la conservación de la biodiversidad a escala regional”, publicado en la revista Agriculture, Ecosystems and Environment y en el que, a través de la investigación llevada a cabo por la Universidad de Jaén, la Estación Experimental de Zonas Áridas del CSIC y SEO/BirdLife, en el marco del LIFE Olivares Vivos, se han llegado a conclusiones sumamente interesantes para el futuro del olivar y su biodiversidad. Entre ellas, cabe destacar que, atendiendo a los datos analizados en el conjunto de olivares demostrativos que participan en este proyecto LIFE, para recuperar biodiversidad de manera eficiente en el olivar son clave el manejo adecuado de la cubierta vegetal y la restauración de zonas improductivas. Acciones factibles, económicas y que aportan rentabilidad al cultivo, tal y como se está demostrando gracias a Olivares Vivos.

De igual modo, se ha determinado que no es indispensable trabajar sobre grandes superficies para recuperar la biodiversidad, sino que, con estas acciones, en olivares pequeños también se incrementa la diversidad de flora y fauna. Una muy buena noticia si se tiene en cuenta que el tamaño medio de las explotaciones de olivar es inferior a las 5 hectáreas.

“Una información que debería servir además, para introducir el componente ambiental en la política agraria relativa al olivar, pues ahora se dispone de una base científica para saber qué actuaciones recuperan la biodiversidad y las medidas más efectivas que deberían tenerse en cuenta para el diseño de medidas agroambientales y el pago por servicios ambientales”, concluye Gutiérrez.

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