Hablemos de serpientes

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Tienen mala fama, injusta e inmerecida y además de ellas se cuentan historias excesivamente extravagantes, pues con dos dedos de frente enseguida entiendes que no son posibles. Quizás la historia más extraña que se relata sobre las culebras es ¡que les gusta la leche!. Por eso, según algunos dicen, no dudan en encaramarse a las ubres de las vacas, o incluso, malas y perversas como son, urden triquiñuelas para quitarle la leche a los recién nacidos en el mismísimo regazo de su madre, cuando esta está dormida, y para evitar que el niño llore introducen su cola en la boca del infante… y hay quién asegura que eso es cierto.

Es la mala suerte de infundir miedo, cuando mucho más dañinos somos nosotros para ellas.

De las 13 especies que habitan nuestra península sólo 3 son venenosas. Las conocidas como víboras, son serpientes solenoglifas, eso quiere decir que tienen veneno y dientes especializados para inocularlo. Sin embargo, ni la víbora de seoane (propia de la Cordillera Cantábrica), ni la áspid (Pirineos) ni la hocicuda (mediterránea y de mayor distribución) tienen el más mínimo interés en emplear sus armas contra nosotros, pues ese veneno les ayuda a alimentarse, principalmente de roedores y otros pequeños mamíferos, además las víboras son muy escasas y si no queremos tener problemas con ellas, por lo general bastará con dejarlas tranquilas.

Culebra de cogulla

De las otras 10, tan sólo dos presentan algo de veneno, pero no tienen dientes especializados para inyectarlo, son la culebra bastarda y la de cogulla (esta última es tan pequeña que no hay nada de nosotros que pueda caberle en la boca).

Los ofidios más abundantes en el olivar son la culebra de cogulla y la de herradura. La presencia de esta última en los medios agrícolas es muy beneficiosa, pues nos ayudarán a controlar las poblaciones de roedores, (la de cogulla por su parte es la más pequeña de nuestras culebras y su dieta está basada en otros pequeños reptiles como la culebrilla ciega, su presa favorita).

Culebra de herradura sobre un matón de recoger aceitunas

Estas semanas han sido varias las ocasiones en las que nos hemos topado con ellas. Nuestros amigos de Oleaí incluso compartieron día de cosecha con una culebra de herradura que se paseó por sus mantones.

¡Merecen nuestro respeto!

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